jueves, 26 de abril de 2012

World Citizen

El señor Gaxiola es un hombre a quien yo tenía catalogado de ''muy alto'' cuando era más chica. Conforme pasó el tiempo, mi nato gigantismo y el fin de sus años dorados  nos hicieron entrar en una simetría tal, la cual yo siempre trato de disimular por respeto al paterfamilias, quien aún tiene derecho a sentirse grande. Tiene, como yo, el cabello rubio oscuro cuya tonalidad te haría pasar horas de búsqueda con un Pantone, y unos ojos café claro, los cuales yo considero de un color muy dócil pues no combinan con esa fría mirada que siempre le acompaña. Es un hombre caucásico, hijo de padres caucásicos, con abuelos caucásicos, y su tatarabuelo caucásico... junto con sus 41 hermanos no todos caucásicos -variaban dependiendo la madre- todos bisnietos de ese Vasco caucásico que llegó a estas fértiles tierras hace ya más de 300 años y lo que nos convierte curiosamente a todos los Gaxiola de este lado del charco miembros de la misma familia. Da hell.

El señor Gaxiola (a quien llamo así por mera diversión y burla al sistema, ya que cuando estoy con él yo ya no soy Carmen, mi nombre pasa a segundo plano, yo no soy nada más que la hija del señor Gaxiola) es un hombre metódico, frío y calculador, y no está por demás decir que él me ha enseñado que por más pequeños e insignificantes que sean, la vida no perdona errores. Crecer con él como padre de medio tiempo -alguien a quien no se ve todos los días pero igual no se deja de ver por mucho- fue como crecer vigilado por la Gestapo (aprovecho este espacio para decir que es también gran fan de esta época roja en la historia moderna, y su primer perro fue bautizado como ''Führer'')

Él me enseñó que una persona de mundo no debe andar por ahí haciendo alboroto sin fundamentos, y que uno debe defender la razón por sobre todas las cosas. Fue también él quien sin saber me ayudó a tomar un paso hacia adelante, pues a mis 9 años y con mi naciente ateísmo, sus opiniones con base me dieron el empujón que necesitaba para confirmar que indeed ''el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza''. Es sin duda un hombre que conoce de caminos y a quien la suerte le ha sonreído. La carretera lo pone en humor de relatar cuanto sea necesario y no ha pasado día de mi vida que yo esté con él y no haya aprendido algo. Quien me conoce sabe que puedo llegar a ser una cretina por el puro amor al arte, eso sin duda lo llevo en los genes. ''Gaxiola, de los cuernos a la cola'' pregonaba el abuelo, cuyo irónico nombre era Paz.

Un ingeniero -sin serlo en realidad- quien en la vida como en su(s) casa(s) se dedica a arreglar las imperfecciones que no hacen más que estropear ese mecanismo intacto. Un bilingüe innato para quien los pequeños placeres de la vida como conducir entre la Sierra Madre o a la orilla del Mar de Cortés con su bolsa de maní Mafer y paquetes de semillas de girasol, no le piden nada a los grandes caprichos, como pasar la navidad en el Caribe con una danesa que también cumple la función de secretaria y a quien yo debería guardar resentimiento, pero me ganó cuando nos fuimos escuchando Led Zeppelin por el valle de Coachella.

Ése mismo, cumple hoy una semana ausente, pues se fue por los caminos que ya tanto conoce, a bordo de su auto -cuyo nombre tan ad hoc es Navigator-. A pesar de que la suya es una ausencia no muy grande -pues las ha tenido más- es una ausencia que se merece una entrada en este prototipo de página, ya que nunca se había ausentado dejando de este lado de las montañas una situación tan empática, que no me hace más que desearle un feliz regreso a la costa, con su coca cola de etiqueta gris y un pendrive con esa música cubana que tanto le gusta.


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